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El 24 de marzo de 1976, los argentinos nos despertamos escuchando las tradicionales marchas castrenses que anunciaban un nuevo golpe de Estado militar. Ya lo habíamos vivido en 1955 con el derrocamiento del General Perón; en 1962 cuando Frondizi fue reemplazado por Guido; en 1968  con la llegada de Onganía y la Revolución Argentina, y esta vez, en 1976, contra el gobierno constitucional de la presidenta María Estela Martínez de Perón.

El Proceso de Reorganización Nacional, como lo llamaron los responsables, fue en realidad una dictadura  encabezada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas: Jorge R. Videla, del Ejército; Emilio Massera, de la Marina, y Orlando Agosti, de la Fuerza Aérea, con la anuencia de civiles, representantes de grandes poderes económicos.

La Presidenta fue desalojada del poder y detenida en el Mesidor, residencia de verano del gobernador de Neuquén. Como en los casos anteriores, cesaron los mandatos de las autoridades nacionales, provinciales y municipales; el Congreso Nacional fue disuelto, al igual que las legislaturas provinciales y los concejos comunales; se removió a los miembros de la Corte Suprema y de los Tribunales superiores; se disolvieron los Partidos Políticos; se intervino la CGT y la CGE…

Y comenzó la represión: ya no había derecho a huelga, ni libertad de expresión, tampoco libertad de reunión, de asociación, de prensa o de juicio. Todos los espacios de trabajo, privados o estatales, eran considerados de interés militar. Se recomendaba no transitar en la vía pública por la noche “para facilitar la acción de las Fuerzas Armadas”.

Esa “acción” se tradujo en terrorismo de Estado, coordinada con las demás dictaduras de la región, a través del Plan Cóndor. Así, el gobierno secuestró, torturó y ejecutó clandestinamente a decenas de miles de personas sospechadas de ser activistas o guerrilleros, confinándolos en centros de detención encubiertos. El resultado, según la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), fue un balance de 30.000 desaparecidos (la gran mayoría compañeros peronistas) y cerca de 500 niños apropiados, de los cuales, gracias a la labor de Abuelas de Plaza de Mayo, sólo a 106 se les ha restituido su identidad. Y aún, a 41 años del golpe de Estado, el Equipo Argentino de Antropología Forense sigue encontrando restos de detenidos-desaparecidos en fosas comunes.

La dictadura iniciada en 1976 encontró su principio del fin cuando en 1982 emprendió la Guerra de Malvinas contra el Reino Unido, de donde salió derrotada. La cuarta Junta del Proceso, convocó a elecciones para el 30 de octubre de 1983, donde resultó electo el candidato de la UCR, Raúl Alfonsín.

Toda una generación valiosa desapareció, Además de los muertos por la dictadura, muchos partieron al exilio, de donde no todos volvieron. Los que se quedaron sufrieron la persecución y la censura.

Los miembros de las tres primeras dictaduras fueron enjuiciadosa lo largo de la democracia, muchos de ellos han sido condenados por crímenes de lesa humanidad.

Desde 2006, conmemoramos cada 24 de marzo como el Día Nacional de la Memoria y la Justicia. 

 

Comisión Nacional
Permanente de Homenaje
al Teniente General
Juan D. Perón

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