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El 7 de Mayo de 1919 en los Toldos, provincia de Buenos Aires, nace María Eva Duarte, hija de Juana Ibarguren y Juan Duarte.

En 1930,  ya fallecido su padre, la familia se traslada a Junín en donde pasa cuatro años hasta que parte a Buenos Aires, llamada por su vocación artística y se integra a grupos teatrales, trabaja como actriz en películas y en la radio. En 1944 es elegida Presidenta de la Agrupación Radial Argentina. Ese mismo año conoce al coronel Perón en el Festival celebrado para recaudar fondos para las víctimas del terremoto de San Juan. La relación entre Evita y Juan Domingo Perón los lleva al casamiento a fines de 1945.

A partir de ese momento, trabajaron juntos día a día, desde la campaña electoral que llevó a Juan Domingo Perón a la Presidencia de la Nación, hasta el fatal día en el que Evita terminó su vida.

Ese 7 de mayo fue un día crucial para la Argentina en donde una chica humilde, con una madre cabeza de esa familia que luchó sola para criar a sus cinco hijos,  en un pueblito de la provincia de Buenos Aires, llegó a este mundo para cambiarlo, para hacer justicia con los más desprotegidos, los más pobres, con los que no tenían oportunidades.

El 17 de octubre de 1951, cuando Evita recibió de manos del general Perón, la Gran Medalla Peronista en Grado Extraordinario, estaba muy pálida  y había saludado al pueblo reunido en la Plaza de Mayo sostenida por Perón. Después de recibir la medalla, se fundieron en un largo abrazo y al verla tan emocionada, al comprender que no podía hablar, Perón tomó el micrófono y dijo:

         “Nunca podría haberse resuelto un homenaje más  justiciero, más hondo y más honorable que esta dedicación del 17 de octubre a Eva Perón. Ella no sólo es la guía y la abanderada de nuestro movimiento, sino que también es su alma y su ejemplo. Por eso, como jefe de este Movimiento Peronista, hago pública mi gratitud y mi profundo agradecimiento a esta mujer incomparable de todas las horas.” (“…”)

         “Ella durante estos seis años, me ha mantenido informado al día de las inquietudes del pueblo argentino. Ese maravilloso contacto de todos los días en la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde ha dejado jirones de su vida y de su salud, ha sido en holocausto a nuestro pueblo, porque a permitido que a pesar de mis duras tareas de gobierno, yo haya podido vivir todos los días un rato largo en presencia y contacto con el pueblo mismo.

         Aparte de todo ello, ella ha tenido con su tino maravilloso, la guarda de mis propias espaldas, confiadas en su inteligencia y su lealtad, que son las dos fuerzas más poderosas que rigen el destino y la historia de los hombres”.

En este nuevo aniversario de su nacimiento, la recordamos con amor y gratitud.

Evita será siempre la llama de la revolución.

LORENZO A. PEPE

Diputado de la Nación (m.c)

Secretario General

Ad-Honorem

 

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