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“Un pueblo no se hace en una hora. Un pueblo se hace sobre sus esencias, sobre su historia. Un pueblo avanza por el camino de su historia cuando, en una coyuntura excepcional, una generación consigue poner en ebullición creadora las posibilidades nacionales”.

                                                                                               JUAN PERÓN

 El 14 de mayo de 1810 llegó a Buenos Aires un barco inglés que traía periódicos del 24 de febrero en los que se supo que los franceses habían entrado en Sevilla, que habían corrido a los diputados de la Junta Central y que sólo algunos pocos habían llegado a Isla de León, junto a Cádiz. El día anterior, las noticias habían llegado a Montevideo en la fragata inglesa Juan Paris. Hablaban de la caída de Andalucía y la proclama de la Junta Central de Sevilla que aconsejaba a los pueblos de América formar Juntas Superiores.

El 18, el virrey Cisneros hizo conocer unas gacetas arregladas, haciéndolas ver como de la Junta Superior de Cádiz, en donde omitía la parte que decía que los pueblos de América debían formar sus propias Juntas.

En sus Memorias, Tomás Guido dice: “No queremos seguir la suerte de España ni ser dominados por los franceses”.

En ese momento, coinciden dos grupos revolucionarios que venían reclamando desde las invasiones inglesas de 1806: el partido criollo formado por gran parte del pueblo y las milicias y por otro, el grupo de intelectuales integrado por Rodríguez Peña, Vieytes, Paso, Moreno, Larrea, Matheu y otros.

Los criollos querían que las milicias marcharan sobre la Fortaleza para apoderarse del gobierno del Virrey que ya era ilegítimo y los intelectuales trataban de evitar la revuelta, proponían un Cabildo Abierto, un Congreso de vecinos.

La noche del 18 se reunieron grupos de jefes y oficiales de Patricios (Viamonte, Chiclana, Díaz Vélez). Quieren caer sobre Cisneros pero, primero, quieren la autorización de Saavedra.

Al mismo tiempo, French, Beruti, Paso, Vieytes, se reúnen en la casa de Rodríguez Peña y mandan llamar a Castelli y a Belgrano. Quieren evitar las milicias populares y la revuelta callejera.

Saavedra prefiere el Cabildo Abierto, deteniendo a los Patricios y se une a Belgrano. Saavedra le dice a Cisneros: “El que le dio autoridad para mandarnos ya no existe”.

El 21 de mayo comenzó la conmoción en las calles, con gritos y corridas. Exigían la sustitución del Virrey. El 22, día del Cabildo Abierto, los jóvenes se agolpaban en la Plaza acaudillados por French y Beruti. Cuando se aprueba una Junta que incluía al Virrey, la noticia se corrió por toda la ciudad. Los regimientos empezaron a agitarse: no había acuerdo mientras el virrey siguiera en el gobierno. El pueblo acudió a los batallones  1 y 2 de Patricios que estaban acuartelados esperando en las Temporalidades (Perú y Alsina). Lo mismo sucedía en Arribeños y en Andaluces. A las 8 de la noche del 24, le avisaron a Saavedra acerca de lo que estaba ocurriendo.

Esa noche del 24 es una noche de alboroto y griterío: el grueso de la milicia patriota gritaba reclamando sus derechos a participar: es el levantamiento de las orillas contra el centro, del pueblo contra los arreglos hechos a sus espaldas. Los Jefes de los Regimientos informan que “el pueblo y la tropa están en una terrible fermentación” y que “no pueden sostener al gobierno, ni aún sostenerse ellos mismos…”

Deciden ceder “por los que han tomado la voz del pueblo” y nombran a la Junta propuesta por las mayorías. A las 8 de la noche del viernes 25 de mayo la nueva Junta se hace cargo de sus funciones.

A partir de la Revolución de Mayo, siempre siguió vigente la situación prerrevolucionaria: los que lucharon por ser un país soberano y los otros, los que siguieron tratando de depender de algún imperio.

Nos sentimos orgullosos de esos hombres que hace ya más dos siglos nos marcaron el camino de la lucha por la patria, ese camino iniciado por ellos, seguido por los caudillos en la conformación de nuestro ser nacional, los orilleros, los descamisados… siempre en la misma línea histórica, siempre poniendo el cuerpo en las batallas, siempre con la cabeza en alto, siempre dispuestos a defender los ideales de los hombres que nos precedieron, soñando con una patria justa, libre y soberana.

Hoy, más que nunca, de cara al 218 aniversario de la Revolución que nos dio origen como Nación,  es importante recordar las palabras del General:

Los que quieran oir, que oigan.

Los que quieran seguir, que sigan.

Mi empresa es alta y clara mi divisa.

Mi causa, la causa del Pueblo;

Mi guía, la bandera de la Patria.

 

Hoy como siempre ¡VIVA LA PATRIA!

LORENZO A. PEPE
Diputado de la Nación (m.c)
Secretario General
Ad-Honorem