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“¿Qué les espera a los pobres que hoy deben repartirse los despojos y las migajas de la solidaridad ajena? ¿Qué les queda, cuando solo son noticia para los policiales con los que se alimentan la morbosidad de tantos? ¿Quién dijo que los pobres no son asunto mío, de usted, de todos?

Esto se preguntaba el Padre Farinello en un libro que le editó Patria Grande, titulado “Palabras en puerta”. Este hombre, hijo de una pareja humilde, nació en Villa Dominico, en la Provincia de Buenos Aires. Su vocación religiosa lo llevó a ingresar en el Seminario de La Plata.

El obispo de Avellaneda de aquel entonces, Jerónimo Podestá, lo ordenó sacerdote. Luis Farinello fue nombrado Párroco de Nuestra Señora de Luján por Monseñor Pironio, donde llevó a cabo su sacerdocio hasta el año 2000. Un sacerdocio que dedicó a los más pobres, a quienes necesitaban trabajo y educación, a los jóvenes volcados a la droga, a los seres alcanzados por la injusticia social de la que han sido víctimas en nuestro país.

Su paso por esta vida ha guardado la coherencia que le cabe a los grandes pequeños hombres. En 1967 acompañó con su firma el Manifiesto de los Obispos del Tercer Mundo, acto fundacional de la corriente del mismo nombre, que ha apoyado los movimientos populares en América Latina y que desafió en los años 70 a las dictaduras de la región.

El Padre Farinello fue una de las voces críticas que se alzaron contra el Proceso que asoló a la Argentina entre 1976 y 1983, siendo detenido por haber denunciado torturas y asesinatos por parte del terrorismo de Estado. Poco después integró la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Fue uno de los fundadores del partido Polo Social, desde donde se lanzó sin éxito a la política para intervenir de lleno en los problemas que aquejan a la sociedad.

Fue cura obrero y candidato a Senador, fue párroco y cuando dejó de serlo de dedicó a acompañar a los pobres desde la radio comunitaria de Quilmes o en su programa de televisión por Canal 7. Aunque siempre estaba del lado de los humildes, en sus programas les hablaba a todos. Siempre fue un hombre sencillo y sus intervenciones mediáticas eran de gran cercanía para quienes lo escuchaban.

Su muerte, ocurrida el pasado 2 de junio, no deja solos a sus feligreses. La comunidad de Quilmes cuenta con la Fundación Padre Farinello, desde donde se apoyan y promueven programas que acuden a las necesidades de la gente. La ayuda que brinda la Fundación está destinada a los niños y adolescentes, prestando asistencia profesional (procurándoles estudios, capacitándolos en el campo laboral), salud (pediatría, clínica y farmacia), asistencia social y atención a la familiar, con el fin de alejar a los jóvenes de la droga, la violencia y la delincuencia.

Su figura sencilla, su hablar pausado y su ejemplo social no quedarán en el olvido. Ha dejado una obra ejemplar que continuará con su labor.

¡Padre Farinello, que descanse en paz!