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Dos potencias extranjeras, Inglaterra y Francia, en 1845,  buscaban expandir el comercio de sus productos para poder acceder a nuevos mercados y en nuestro territorio, gobernado  por el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, los dos países necesitaban la libre navegación de nuestros ríos. El gobierno se había opuesto.

Una escuadra anglo-francesa, haciendo caso omiso de la negativa que les había sido comunicada,  integrada por las fuerzas navales más importantes del mundo en esos años,  remontó las aguas del río Paraná con sus navíos de artillería poderosa  y cañones obuses: 22 barcos de guerra y 92 buques mercantes; 11 buques avanzaban por nuestro río pertrechadas por Shrapnels (las primeras bombas-proyectiles de fragmentación antipersonales) y cohetes Congreve, armas que disparaban a repetición. Era un avasallamiento de nuestra soberanía por lo que Rosas impartió órdenes precisas a su cuñado, el general Lucio Mansilla.

El 20 de noviembre de 1845, en el recodo llamado Vuelta de Obligado, Mansilla cruzó el río con cadenas ( un inmigrante italiano de apellido Aliverti fue quien cumplió la órden) y arengó a sus tropas integradas por Patricios, milicias de San Nicolás y el Batallón Norte, diciendo :

“¡Allí los tenéis ! considerad el insulto que hacen a nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente ! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea !

En la ribera derecha del río montó 4 baterías artilladas con 30 cañones que eran servidos por una dotación de 160 hombres: la primera, denominada Restaurador Rosas, estaba al mando de Álvaro José de Alzogaray, recordado como “Alzogaray, el bueno”, la segunda, General Brown, al mando del teniente de marina Eduardo Brown, hijo del almirante; la tercera era la General Mansilla, comandada por el teniente de artillería Felipe Palacios; y la cuarta, de reserva y aguas arriba de las cadenas, se denominó Manuelita y estuvo al mando del teniente coronel Juan Bautista Thorne.

En las trincheras, además,  había otros hombres, la mayor parte gauchos asignados a la caballería, al mando del coronel Ramón Rodríguez, jefe del Regimiento de Patricios.  En el río estaba estacionado un bergantín, el Republicano, que tenía como misión cuidar las cadenas que cruzaban el río. Este buque fue volado por su tripulación durante el combate, cuando su captura por el enemigo era inminente.

Después de ocho horas de enfrentamiento feroz, las piezas de artillería argentina fueron puestas fuera de combate y las tropas enemigas desembarcaron.

Dos horas más resistieron nuestros hombres, enfrentándose a punta de balloneta a las balas de cañón.

La derrota militar de Vuelta de Obligado se convirtió inmediatamente en una victoria moral, al trascender la actitud heroica de los hombres, que en tal inferioridad de condiciones, defendían la soberanía nacional y su derecho a autodeterminarse, en un acto patriótico que producía la admiración hasta de los unitarios enemigos.

Por todo esto, la ley Nº 20770 ha instaurado el día 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional en conmemoración de la Batalla de Vuelta de Obligado.

Recordemos que nuestra soberanía se sostuvo con valor, heroísmo, patriotismo y coraje.

 

¡Gloria y honor a los valientes de Obligado!

LORENZO A. PEPE
Diputado de la Naciòn
Secretario General
Ad-Honorem