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Había nacido en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo y a los siete años, se había mudado con su familia a Tres Picos, pueblo de la provincia de Buenos Aires que tanto amaba.
Hijo de una familia de humildes inmigrantes gallegos, la pampa marcó su vida con sus campos verdes, su cielo cubierto de estrellas y su arroyo Napostá.
La quiebra del almacén, sostén del matrimonio con sus cinco hijos varones, lo trajo a la Capital. Quiso el destino que su maestro de la escuela de la calle Trelles fuera don Leopoldo Marechal, que lo tomó como a su discípulo preferido y lo encaminó en el mundo de las Letras.
Ya laureado con el premio municipal de literatura, se unió a la gesta del coronel Juan Domingo Perón el 10 de octubre de 1947: integró la Junta pro candidatura del Coronel Perón con el carnet número 42.
Sería imposible resumir su vida en estas líneas pero vale decir que publicó más de quince libros de poesía, fue Académico de las Academias de Letras, de Periodismo y del Instituto Nacional Sanmartiniano; secretario de Cultura de la Nación, Secretario de Prensa de la Nación, Secretario de Ética Pública, Director de la Biblioteca Nacional, Presidente de la SADE, ejecutivo de empresas, que integró el Comando Táctico de la Resistencia Peronista, la Revolución del 9 de junio de 1946, la primera Ayuda a Familiares de Presos Políticos; fue Director de las revistas Huella, LYRA , Director del diario La Voz, Presidente de la Comisión de Cultura de UNESCO y de OEA, Asesor Cultural de la CGT, Director de la Fundación Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, Miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y que recibió todo tipo de distinciones académicas de parte de gobiernos extranjeros.
Tuvo una larga y fructífera vida, bien vivida, con su esposa, sus hijos, nietos y bisnietos y la muerte lo encontró escribiendo un relato sobre los hechos de los que había sido testigo.
Lúcido hasta su último día entre nosotros, vivió intensa y apasionadamente su vocación de poeta, su fé católica y su militancia peronista.
Para recordarlo, reproducimos dos de sus poemas.

DEL BUEN AMOR (III)

Quiero que estemos juntos al final del camino
y que armemos la casa de amor en la otra vida
exactamente igual a esta vida vivida,
como si repitiera sus líneas el destino.

Y quiero que arribemos tomados de la mano
-tal como recorrimos la feria de los días,
livianos de presagios, pesares y alegrías-
ante el rostro de Dios, nuestro amigo y hermano.

Quiero que todo sea simplemente un viaje,
sin llamadas de urgencia ni peso de equipaje,
con las almas en vela navegando hacia Dios;

y mientras llega el día de partir, no me dejes
ni un minuto, tan sólo, ni un minuto te alejes,
porque yo no podría despertarme sin vos.

 

PERO YO ESTARÉ LEJOS…

Hoy, mañana, o al fin, como cualquiera
voy a morir, tan sorpresivamente
que hasta mi pobre corazón ardiente
se enterará después de que me muera

Fuera de mí, con toda el alma afuera,
proclamaré la vida entre la gente,
libre ya de este cuerpo penitente,
del sueño, la ilusión y la quimera.

Más tarde, en un velorio de vecinos
vendrán, con sus coronas de ternura,
los amigos de todos los caminos

y llorarán, según me vayan viendo,
y harán memoria de mi vida oscura.
Pero yo estaré lejos, sonriendo