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9 de abril de 1949 : La Comunidad Organizada

Entre el 30 de marzo y el 9 de abril de 1949 se realizó en la Universidad Nacional de Cuyo, en la ciudad de Mendoza, bajo el Rectorado del Dr. Ireneo Fernando Cruz, el Primer Congreso Nacional de Filosofía.

La presidencia del Comité Ejecutivo estuvo a cargo de I. Fernando Cruz y la Secretaría Técnica fue desempeñada por el Dr. Coriolano Alberini, acompañado en la tarea por filósofos de gran prestigio como Carlos Astrada, Angel Vasallo, Nimio de Anquín, Eugenio Pucciarelli, Miguel Guerrero, Carlos Cossio, y Hernán Benítez entre otros.

Llegaron hasta la provincia cuyana representantes nacionales e internacionales, figuras destacadas de la filosofía universal, que le dieron a este Congreso un nivel acadè mico nunca alcanzado hasta esos momentos.

El sábado 9 de abril, el Congreso fue clausurado en el teatro Independencia de la ciudad de Mendoza por el Presidente de la Nación, general Juan Domingo Perón, con una histórica exposición sobre los fundamentos filosófico- sociales de su doctrina política publicado en el año 1952 bajo el título “La Comunidad Organizada”.

A las seis de la tarde, un público de personalidades destacadas de la cultura, escucharon las palabras del Presidente de la Naciòn entre las que se detacaban sus ideas de la diferencia entre el individualismo y el colectivismo, entre el yo y el nosotros, entre ese hombre cosificado y mudo frente al hombre que siente que pertenece a una comunidad. La exposición del pensamiento de Peròn sobre su aseveración de que ningún hombre se realiza en una sociedad que no se realiza, marcaron un antes y un después en la doctrina peronista.

A 71 años de ese dìa, la vigencia de sus expresiones nos llenan de orgullo y es por eso que, a continuación, las compartimos con ustedes.

«Señores congresales, excelentísimo señor vicepresidente de la Nación, señores ministros nacionales y provinciales, autoridades nacionales y provinciales, señoras, señores:

Deseo, señores congresales, que al pisar esta tierra os hayáis sentido un poco argentinos, y con ello nos habréis hecho un gran honor, brindándonos una inmensa satisfacción.

Para el corazón argentino, en nuestra tierra, nadie es extranjero si viene animado del deseo de sentirse hermano nuestro. Ese corazón y esa hermandad es lo que os ofrecemos como más sincero y como más precioso.

Que os sintáis en vuestra casa será nuestro orgullo. En ella nadie os preguntará quién sois y os ofrecerá, con el pan y la sal de la amistad, esta heredad de nuestros mayores, que queremos honrar como la honraron ellos.

Alejandro, el más grande general de todos los tiempos,tuvo por maestro a Aristóteles. Siempre he pensado que mi oficio algo tenía que ver con la filosofía.

El destino me ha convertido en hombre público. Y en este nuevo oficio, agradezco cuanto me ha sido posible incursionar en el campo de la filosofía.

Nuestra acción de gobierno no representa un partido político, sino un gran movimiento nacional, con una doctrina propia, nueva en el campo político mundial.

He querido, entonces, ofrecer a los señores congresales que nos honran con su visita, una idea sintética de base filosófica, sobre lo que representa sociológicamente nuestra tercera posición.

No tendría jamás la pretensión de hacer filosofía pura, frente a los maestros del mundo en tal disciplina científica. Pero, cuanto he de afirmar, se encuentra en la República en plena realización. La dificultad del hombre de Estado responsable, consiste precisamente en que está obligado a realizar cuanto afirma.

Por eso, señores, en mi disertación no ataco a otros sistemas, señalo solamente opiniones propias, hoy compartidas por una inmensa mayoría de nuestro pueblo e incorporadas a la Constitución nacional de la Nación Argentina.

El movimiento nacional argentino que llamamos justicialismo, en su concepción integral, tiene una doctrina nacional que encarna los grandes principios teóricos de que os hablaré en seguida y constituye, a la vez, la escala de realizaciones, hoy ya felizmente cumplidas en la comunidad argentina.

He querido exponer personalmente ante los señores congresales tales concepciones, en la seguridad de que lo interpreten como un esfuerzo personal en contribución a este Congreso, y el deseo de expresar personalmente también a nuestros gratos huéspedes toda nuestra consideración y todo nuestro afecto».