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El 19 de junio de 1948 se inauguró el Hogar de Tránsito Nº 2 en Lafinur 2988 en la Capital Federal que actualmente alberga al Museo Evita.

La obra de la Fundación había empezado a mediados de 1946. Evita, en “La Razón de mi vida”, capítulo XXIX, nos dice:

“Fue el mismo Perón quien me dijo: “Los pueblos muy castigados por la injusticia, tienen más confianza en las personas que en las instituciones. En esto más que en todo lo demás, le tengo miedo a la burocracia. En el gobierno, es necesario tener mucha paciencia y saber esperar para que todo marche. Pero en las obras de ayuda social no se puede hacer esperar a nadie”. Aquel razonamiento lógico y simple como todos los de Perón, me confirmó en el puesto que él, los descamisados y yo habíamos elegido juntos para mi.”

En un pequeño garage fuera de uso de la Residencia Presidencial de Agüero entre Las Heras y Libertador, empezó Evita a depositar mercaderías que los gremios le enviaban; azúcar de los tucumanos, telas y ropas de los textiles, cueros y zapatos de los obreros de las curtiembres. Le llamaban “Tienda las Delicias”. El cocinero Bartolo, los mozos Sánchez y Fernández, la mucama Irma y Atilio Renzi, el intendente de la Residencia, fueron los primeros colaboradores que trabajaban empaquetando las donaciones hasta altas horas de la noche.

En septiembre de 1947 el espacio ya no alcanzaba y se trasladaron a un edificio en Uriburu Nº 920, finalmente a la Avenida Paseo Colón, en donde Evita permanecía atendiendo personalmente a todos los que se le acercaban, tratando de solucionar problemas que no debían esperar.

El 8 de julio de 1948, el decreto Nº20.564 otorga personería jurídica a la Fundación Ayuda Social María Eva Duarte de Perón.

La Fundación nació como la respuesta más sencilla a la pobreza que salía al paso de los gobernantes día a día en sus despachos.

Sería demasiado extenso enumerar las realizaciones de la Fundación pero podemos hacer referencia a 20 policlínicos a lo largo del país con la mejor tecnología de ese momento, 1.000 escuelas donadas al gobierno nacional, Hogares de Mujeres, de Niños y de Ancianos que albergaban a los necesitados, la Ciudad Infantil y la Ciudad Estudiantil, las Colonias de Vacaciones, las escuelas de agricultura y ganadería, proveedurías, hoteles de turismo, el tren sanitario que llevaba a las provincias más lejanas la ayuda para la salud; sin embargo, la ayuda social directa y de mano de Evita, es la que aún hoy se recuerda, por el amor con que la realizaba, por el trato que recibían los más humildes, por la dedicación que consumía horas y horas de la esposa del presidente, convertida simplemente en Evita.

Perón recordaba:

Desde que Eva comenzó a trabajar en la Fundación, perdí prácticamente a mi mujer. Nos veíamos de a ratos y velozmente, como si habitáramos en dos ciudades distintas. Eva pasaba muchas horas en sus tareas y regresaba al alba. Yo, que de costumbre salía de la Residencia a las seis de la mañana para ir a la Casa Rosada, la encontraba en la puerta, un poco cansada pero siempre satisfecha de su fatiga.”

Comenzaba a atender a las 8 de la mañana, hombres, mujeres y niños llenaban el imponente salón de diez metros por veinte, contándole sus penurias, sus necesidades urgentes. Derivaba a los que se acercaban a su grupo de asistentes que a su vez se ocupaban, en primer lugar, de la asistencia médica, del abrigo, de la comida y recién después, del cumplimiento de los pedidos, la mayoría de ellos eran herramientas de trabajo, becas de estudio para los chicos, vivienda para las familias sin techo.

Cuentan sus colaboradores que Evita se salteaba el almuerzo y que pasaba el día tomando té y de pie, por lo que a veces se descalzaba para que tener algún alivio en el contacto con el frío de los pisos.

Cuando le reclamaban porque no descansaba lo suficiente, invariablemente respondía: ”Por todo lo que me falta hacer, es demasiado lo que duermo”

Como una premonición, el 1º de enero de 1949, en un discurso, Evita dice: ”Todo lo daré porque todavía hay pobres en mi Patria, porque hay tristes, porque hay desesperanzados, porque hay enfermos. Dejé mis sueños en los caminos para velar el sueño ajeno, agoté mis fuerzas físicas para reanimar las fuerzas del hermano vencido. Mi alma lo sabe, mi cuerpo lo ha sentido. Pongo junto al alma de mi pueblo mi propia alma. Le ofrezco todas mis energías para que mi cuerpo sea como un puente tendido hacia la felicidad común. Pasad sobre él, firme el paso, alta la frente, hacia el destino supremo de la patria nueva.”

LORENZO A. PEPE
Diputado de la Nación (m.c)
Secretario General
Ad-Honorem