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El 8 de agosto de 1945 el General Juan D. Perón, por ese entonces, vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión, disertaba en la inauguración del ciclo de conferencias del Consejo Agrario Nacional en relación a la reforma agraria que se proponía llevar a cabo.

Al comenzar su discurso señaló cual sería el lema principal de la reforma agraria: «la tierra no debe ser un bien de renta sino un bien de trabajo». A su vez, manifestó que «la reforma rural debe resolverle la vida y el arraigo a millones de campesinos.  Hacia ellos vamos llenos de fe y con la inquebrantable voluntad de realizarlo».

Por su parte, subrayó que «encaramos, además, el problema en forma fundamental haciendo del Consejo Agrario Nacional un organismo que dé tierra a todo aquel que quiera trabajarla, a fin de que ningún hijo de chacarero se vea obligado a desertar de los campos encandilado por las luces engañosas de la ciudad, donde la lucha es áspera y sin las compensaciones espirituales que proporciona la labor ruda, pero fresca y del campesino. Esta tierra que el Consejo Agrario Nacional irá proporcionando con su renovada estructuración legal y dentro de modernas concepciones económicas no ha de ser el lote caro y amortizable en periodos que oscilan entre cuarenta y setenta años y en condiciones tales que la colonización social se convierte, al fin, en un espacio más frente al agricultor, que nunca verá la tierra que cultiva convertida en el firme asiento material de su hogar. La tierra que proporciona la Revolución debe ser tierra barata, esto es, ajustada a su valor actual de producción y no inflado éste por la especulación que da lugar a la puja incesante de las muchedumbres explotadas, siempre dispuestas a sacrificar las condiciones de vida propias y de los suyos en el afán de encontrar una chacra donde levantar su rancho. Sólo así podremos hacer de nuestra agricultura una industria sólida y estable y convertir nuestro campo en un mundo de fe y optimismo».

Para finalizar, expresó que «el trabajador urbano debe apoyar esta política como su propia causa, porque su vida y su trabajo dependen de gran parte del trabajador rural. El campesino puede estar persuadido de que si todos nos proponemos apoyar la reforma agraria con fe y energía, habrá sonado la hora del campo. Trabajadores del campo y la ciudad la reforma agraria es la causa de todos. Apoyadla y luchad por ella. Algún día la Patria nos lo agradecerá a todos».