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El 26 de julio de 1945, el coronel Perón dijo:

Soy partidario de otorgarle el sufragio a la mujer porque no hay ninguna razón que se oponga a que esto pueda llegar a concretarse en una realidad. Empeño mi palabra como Vicepresidente y como Secretario de Trabajo y Previsión en el sentido de llevar adelante esta iniciativa»

La Asamblea Nacional de Mujeres, guiándose por las palabras de Victoria Ocampo que se oponía a la obtención del derecho al voto, declaró «el repudio más absoluto a la concesión del voto a la mujer por un gobierno de facto»;. Las asociaciones sufragistas de mujeres prefirieron despreciar el derecho que se les ofrecía por oposición al gobierno.

El 4 de junio de 1946, en su primer mensaje al Congreso, ya como presidente de la Nación, Juan Domingo Perón se pronunció en favor del voto femenino y el 21 de octubre del mismo año, incluyó un proyecto de ley en el Primer Plan Quinquenal, que en su artículo 1º decía: «Toda mujer argentina, nativa o naturalizada, tiene derecho a partir de los 18 años de edad, de elegir y ser elegida, lo mismo que los varones, siempre que estén inscriptas en el padrón electoral».

Los legisladores opositores al peronismo argumentaban que la inteligencia de la mujer estaba dominada por las emociones, que el voto femenino era un problema muy serio y que había que investigar sus consecuencias y que había que ver qué efecto había causado en los países que ya tenían una ley similar. Se hizo famoso un alegato del diputado Francisco Uriburu que decía:

«Para qué diablos transformar los hogares en infiernos en donde la dueña de casa será demócrata nacional, la cocinera socialista, la mucama socialista independiente, la lavandera radical antipersonalista y la institutriz demócrata progresista» (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, 1933, Tomo IV, pag.48).

Las asociaciones de mujeres sufragistas querían el voto calificado: «el voto debe darse a las capaces, no a las incapaces». Decían que ya se había cometido un error con el voto de los hombres y que había que corregirlo.

El 9 de septiembre de 1947 el Congreso de la Nación sancionó la ley Nº 13.010 que se promulgó el día 23 y en su Artículo 1º decía:

«Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos».

El 23 de septiembre se promulgó la ley y se realizó un acto público, en Plaza de Mayo, en el que Perón le entregó la ley, simbólicamente, a Evita ya que ella había trabajado tanto por los derechos políticos y había organizado al grupo de censistas que resultaron imprescindibles para la creación del padrón femenino.

Se empadronaron 4.225.467 mujeres, duplicando el padrón electoral que hasta ese momento había sido de 4.398.179 varones.

Como los derechos políticos significaban no sólo poder elegir sino también ser elegidas, para la elección de 1951 los partidos políticos podían presentar mujeres como candidatas.

Los Partidos Demócrata, Conservador y Radical no incorporaron mujeres en sus listas y las elegidas por la mayoría y que ganaron sus bancas como diputadas nacionales, diputadas provinciales y senadoras fueron las representantes del Partido Peronista, entre ellas, las Diputadas Ana Macri, Nélida de Miguel, Ana Rosa Serrano; la Senadora Lili de la Vega y las Concejales Blanca Cabo y Dolores Ayerbe.

El triunfo electoral que llevó a Perón por segunda vez a la Presidencia de la Nación fue abrumador. Los totales generales aseguraban al Partido Peronista el 66,5 % de los votos emitidos de los cuales, dos millones y medio eran de mujeres. En la elección votó el 90,32 % de las mujeres empadronadas. Como Perón había declarado antes de los comicios: “La primera elección la gané con los hombres; la segunda será con las mujeres.”

La elección del 11 de noviembre de 1951 no sólo fue la primera vez en la historia de la patria en que la mujer argentina se presentaba para emitir su voto y elegir a quienes la iban a representar, sino que también incorporó al Congreso Nacional su presencia combativa con 31 representantes ocupaban las bancas parlamentarias.

Este ingreso de la mujer en la participación ciudadana, con derechos políticos tanto para elegir como para ser elegida, fue una de las promesas que el coronel Perón, como Presidente electo de todos los argentinos, hizo el 4 de junio de 1946 al asumir la primera magistratura de la Nación y que concretó al presentar el proyecto de ley en el Primer Plan Quinquenal, en octubre del mismo año.