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El 2 de septiembre de 1946, tres meses después de haber asumido su primer Presidencia, el general Juan D. Perón inaugura el primer curso de Elevación Cultural Superior para los egresados obreros a las Embajadas en el Exterior.

Ese mismo día en su discurso, el por entonces presidente de la Nación Juan Perón manifestó la necesidad de expandir al exterior las concepciones de la revolución del 4 de Junio de 1943; para ello, los trabajadores argentinos debían hacerlas conocer a las masas obreras de todos los países del mundo, especialmente a las americanas, para obtener así su cooperación. También destacó la necesidad de afirmar su contenido filosófico a fin de propender a la elevación cultural de la clase obrera, la dignificación del trabajo y la humanización del capital, en un intento por mostrar la necesaria convivencia entre ambos, fortaleciendo la idea al decir que la revolución tenía como sostén la doctrina social cristiana.

En Argentina era la primera vez en su historia que un trabajador, un obrero, ocupaba un cargo diplomático representando a la Nación en otro país del mundo. Para ese entonces ya había algunos países que enviaban a sus Embajadas a profesionales especializados en temas sociales o laborales, así como también a los abogados que ejercían su profesión en representación de los sindicatos, pero no eran auténticos obreros.

Mediante el Decreto N° 7976 el Poder Ejecutivo Nacional creaba las agregadurías obreras y los cursos de instrucción, dependientes de la Secretaría Técnica de la Presidencia, con presupuesto atendido por la Secretaría de Trabajo y Previsión.

El primer curso tuvo una duración de tres meses, desde el mes de septiembre hasta el mes de diciembre. El general Perón se hace presente en la primera entrega de diplomas para los egresados del curso y expresa que «nosotros concebimos al Agregado Obrero como formando parte de las embajadas en el exterior de la República porque consideramos que nuestro movimiento político es el resultado de la transformación de nuestro país en su régimen jurídico e institucional. Pensamos que de la antigua democracia liberal a que nos tenían acostumbrados los políticos, nosotros hemos pasado a una democracia social. En consecuencia, se ha liberado al pueblo argentino de los preconceptos que establecía la democracia liberal, en la cual el acceso a la función o representación pública estaba sólo en manos de una clase: la clase dirigente y política. Nosotros, al transformar la democracia liberal en social, creemos que el gobierno debe estar en manos de toda la representación del pueblo argentino, sin exclusión alguna. En base a ese principio es que existe la representación de las fuerzas del trabajo en las misiones mantenidas en el extranjero. Siendo así, señores, la misión del Agregado Obrero surge claramente como una representación directa de las fuerzas del trabajo de la Argentina ante las fuerzas del trabajo de los países donde el Agregado Obrero ejerce su función.»

Esta nueva función que Juan D. Perón le encomendaba a los trabajadores argentinos era una clara decisión política de igualdad en la oportunidad.