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Con sorpresa anoche nos enteramos de que Mauro Viale, un veterano periodista primero deportivo y luego político, había fallecido como producto de sufrir –impensadamente- el coronavirus. Fue una desagradable y dolorosa sorpresa.
Yo intimé y llegamos a ser amigos con Mauro hace muchos años cuando él tenía un programa Ómnibus en el Canal 7, así conocido el canal oficial en los comienzos de su emisión. Había pergeñado una audición que comenzaba temprano, si mal no recuerdo, alrededor de las 9 de la mañana y finalizaba pasado el mediodía. Era allá por 1984 y en mi calidad de diputado de la nación por el peronismo cuando me invitaba al programa. Eran encuentros absolutamente políticos. En ellos nos encontrábamos quienes éramos peronistas con los adversarios, con quienes teníamos largas y en algunos casos fructíferas discusiones políticas.
Lo recordaré a Mauro siempre como lo que fue: un amigo. Jamás tuvo un improperio ni una descalificación para conmigo y mucho menos, ya que él sabía que no lo permitiría, hacia nuestro peronismo.
Déjenme, queridas compañeras y compañeros, que les diga que agacho respetuosamente mi cabeza y hago un ruego por el descanso eterno de este muy buen periodista y, reitero, un excelente amigo. Hacía mucho que no nos veíamos, alrededor de un año, pero cada tanto se acordaba e insistía para que yo saliera por radio o fuese a la televisión. Y en muchas ocasiones así lo hice.
Descansa en paz, Mauro. Y ojalá que muchos de tus colegas te tomen a vos como un ejemplo de que se puede hacer periodismo sin llegar a la descalificación y al insulto. Ojalá quede como enseñanza el ejemplo de tu vida.
Con un fuerte abrazo y en nombre del Instituto Nacional, de sus trabajadores y en el mío propio, Mauro descansa en paz.

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