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Corrimos el albur de no poder hacerlo, pero gestionamos desde hace algún tiempo atrás ante la Jefatura del Ejército Argentino que se nos permitiese llegar hasta el monolito que está instalado en el corazón de Campo de Mayo y donde fueron fusilados hace 65 años 7 militares argentinos.

Estuvieron acompañándome el ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer, y el muy querido y reconocido General de Brigada (R) Don Hugo Bruera. Éramos pocos, pero lo suficientemente representativos del cariño, el respeto, y la enorme admiración por quienes hoy, hace 65 años atrás, perdieron su vida fusilados por orden de una dictadura despótica, tiránica y asesina. No obstante que el Consejo de Guerra, que ellos ordenaron llevar a cabo para juzgar a quienes se rebelaron contra la dictadura, había dispuesto no ha lugar a la pena capital. Vale decir, que no había ningún hecho militar, pero sí judicial que ordenada el fusilamiento. Violando la disposición del Consejo de Guerra, fusilaron a 32 ciudadanos, algunos de ellos militares y los otros civiles.

El Jefe del Movimiento de Recuperación Nacional Tte. Gral. Juan José Valle fue fusilado en la penitenciaría de Las Heras el 12 de junio y los otros fueron asesinados en el lugar en que eran detenidos. Los civiles sufrieron una verdadera masacre. Algunos de ellos fueron fusilados en los basurales de José León Suárez. Fueron llevados por la Policía de la Provincia de Buenos Aires en un camión hasta un descampado, ahí se los hizo bajar de la caja del camión mintiéndoles: «Váyanse, ustedes están en libertad». Bajaron y salieron caminando alejándose del vehículo que los había trasladado. Sin embargo, la Policía desde la caja del camión comenzó a disparar por la espalda a un grupo de indefensos ciudadanos, de los cuales la mayoría de ellos, salvo uno o dos que se hicieron pasar por muertos inmóviles pegados a la tierra, perdieron la vida.

Hoy al pie del monolito fue un homenaje y un recordatorio a todos los fusilados, militares y civiles. Hicimos uso de la palabra el Gral. Bruera, el Ministro de Cultura de la Nación Tristán Bauer y el suscripto en su calidad de Secretario General del Instituto Nacional Juan Domingo Perón. Los tres rendimos homenaje sincero con los ojos cargados de lágrimas. La verdad fue un momento de enorme conmoción espiritual y pudimos cumplir con lo que todos los años hacemos. Campo de Mayo estaba lleno de barro, había llovido durante la noche, pero no impidió que chapaleando el barro pudiéramos llegar hasta el monolito, colocar la ofrenda floral y el Ejército cumplió facilitándonos un Cabo, quien hizo vibrar el clarín como pocas veces lo escuché durante un minuto en homenaje a los muertos por la Patria.

En fin, fue una ceremonia simple y humilde, donde no persignamos y rogamos al Todopoderoso por el alma de los heroicos muertos y el consuelo a sus deudos familiares y amigos.

Quiero cerrar pidiéndole al Todopoderoso que nunca jamás vuelva a ocurrir entre argentinos un acto tan bestial y salvaje como el que sufrimos entre el 9 y el 12 de junio de 1956.

LORENZO A. PEPE
Diputado de la Nación
Secretario General
Ad-Honorem