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En el día de ayer Fernando Iglesias manifestó públicamente una muy dura crítica vejatoria e insultante sobre la figura de la actriz Florencia Peña. Tildándola como si fuese una mujer dedicada a ganarse la vida de una manera diferente al común de nuestras compañeras mujeres que trabajan y militan fuertemente tratando de cumplir con los principios que el Peronismo se ha impuesto a sí mismo desde el mismo momento en que nuestro General Perón lo fundó. Es vergonzante la forma del Diputado Iglesias al realizar sus comentarios degradando e insultando, reitero la figura de esta mujer, que iba a reclamar tal cual la Constitución Nacional lo prescribe por los derechos de sus compañeros trabajadores, actores y artistas todos ellos, que se merecen y les corresponde. Es un verdadero miserable. La Cámara de Diputados, que lo tiene en su seno, debe obrar en la primera sesión que tenga con toda dureza para reparar en parte el daño moral que este individuo le ha producido a la actriz Florencia Peña. La medida más correcta sería la expulsión de la Cámara de Diputados por agravios llevados a cabo por un personaje deleznable que nada le ha aportado al proceso democrático desde el ámbito democrático como es precisamente el Congreso de la Nación en su sector de Diputado de la Nación. Es necesario expulsar y condenar públicamente su actitud de ofensa y degradación a una actriz importante que estaba bregando por mejorar las condiciones de trabajo de sus compañeros. Expulsarlo a Fernando Iglesias de la Cámara de Diputados de la Nación es lo menos que puede hacer ese cuerpo para reparar en parte el daño moral que se le ha causado a una excelente persona, como dicen sus allegados y amigos, como es Florencia Peña.