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Recibimos, en horas de la mañana, a la señora Irene Ortiz Teixeira, Presidenta de Casa de África en Argentina, y a su hijo, Facundo De Pablo. Fue un grato momento en la que recordamos, a través de las palabras de los visitantes, madre e hijo, lo que pudimos producir en el año 1999, en el Congreso de la Nación, llevando a cabo el primer encuentro Afro-Argentino con parlamentario de nuestra República Argentina, a través de la gestión del suscripto.

Fue para mí un muy emocionante recuerdo de una época en que el Congreso de la Nación estaba abierto, como creo o supongo todavía existe esa tendencia, abierto a las diferentes opiniones y sobretodo, como en este caso, a razas de lugares muy lejanos de la República que vinieron a incorporarse a esta cuestión tan maravillosa como es la de ser argentino, haya sido por nacimiento o por elección.

En este caso era la opción de centenares de hombres y mujeres que querían asumir ese compromiso con nuestra amada República. Por supuesto que me presté, con verdadera alegría, y llevamos a cabo un par de encuentros, reitero, con hombres y mujeres de origen africano, que habían optado por asumir la ciudadanía argentina. Eso fue lo primero.

Lo segundo fue que, buscando en los libros de historia, encontré que el Padre de la Patria, Don José de San Martín, en el cruce de los Andes, había llevado a un regimiento o batallón de afro-argentinos cuando produjo las batallas de Chacabuco y Maipú dando “libertad definitiva” al Virreinato del Río de la Plata y al pueblo hermano de Chile, contando con la participación del héroe chileno Bernardo O’Higgins.

De tal manera que fue un grato momento y me hizo sentir partícipe de una cuestión que siempre me ha conmovido y mucho.

Que ya al final del camino de la vida, poder recordar o en todo caso vengan personas que te obligan a recordar, cómo fue este momento vivido en horas de la mañana, una gestión exitosa de mis colegas diputados de todas las matices y colores, acompañaron la idea de integrar a los afro-argentinos a nuestra ciudadanía.

Se recordó, también, con emoción, la presencia de soldados de color en el Ejército de Los Andes, comandado por el Padre de la Patria. Encontré en las personas que vinieron su enorme amor a esta República, que tanto queremos y por la que tantos y tantas entregaron su vida en procura de hacerla grande, próspera  y feliz a su pueblo.

Fue un abrazo al alma que lo tomé como tal y agradecí a la madre y al hijo el gesto de su visita y la posibilidad de revivir tantos recuerdos inolvidables para mí.

 

Gracias compañeros.