
“No porque Haití sea una Nación pequeña va a permitir semejante atropello. Por el contrario, los pequeños países deben ser respetados escrupulosamente porque son pequeños, para que el Derecho sea un imperativo moral y no de fuerza”.
Emb. Jean Brierre
Nos honró con su presencia en nuestro Instituto el suboficial principal Andrés López, sobreviviente de la Revolución del 9 de junio de 1956.
Andrés López, con su Ford 35, daba vueltas, la noche de la Revolución, por la Florida, con el general Raúl Tanco y otros compañeros, esperando la señal para actuar. Buscando al general Tanco fue que allanaron la casa de Hipólito Irigoyen 4519, se llevaron al grupo reunido y los fusilaron a mansalva en los basurales de José León Suárez en donde perdieron la vida Carlos Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Vicente Rodríguez y Mario Brión.
Al enterarse de los asesinatos, López habla con el embajador de Haití, Jean Brierre, quien ya había recibido asilados políticos el 16 de septiembre del año anterior, al producirse el golpe de Estado.
El 11 de junio ya estaban asilados en la Residencia del Embajador el Tte. Cnel. Salinas, el capitán Néstor Bruno, el Cnel. Agustín Digier, y un compañero de la CGT, Efraín García. El Embajador Brierre, en persona, en su auto, entra al Gral. Tanco a su Residencia. A las 14.00 horas, aparece en la puerta de la Residencia un policía que aparentaba cuidar al Embajador pero que estaba instalado para evitar los posibles asilos. Al rato llega el coronel Fernando González a quien el Embajador hace entrar y, con Andrés López, totalizan siete asilados en la Residencia del Embajador de Haití.
El embajador Jean Brierre, a las 19.00 horas, se dirige a Cancillería para dar aviso de los asilos otorgados. El grupo queda en la Residencia junto a la señora del embajador, Dilia Vieux.
Veinte personas armadas saltan la verja del jardín y encañonan a la mucama. La señora Vieux les hace frente y les recuerda que están en territorio de la República de Haití. La golpean y entran a la casa, encolumnan a los refugiados y a culatazo limpio los sacan a la calle y los paran de espaldas a la ligustrina. La señora de Vieux, al ver que los iban a fusilar allí mismo en la vereda, se para delante de los asilados con los brazos abiertos, como protegiéndolos y dice “antes me van a tener que matar a mi”.
La sorpresa ante el valor de la esposa del Embajador hace que no tiren. Se encienden luces de las casas de los alrededores y aparece el general Quaranta que estaba escondido detrás de un árbol. Él mismo detiene un colectivo de la línea 19, lo vacía y sube a los asilados, ya secuestrados, llevándolos a un Regimiento. Allí se enteran de que van a ser trasladados a la cárcel de Las Heras.
De pronto, los sacan de sus celdas y ven aparecer al embajador de Haití, Jean Brierre, que había ido a buscarlos exigiendo que se los entregaran por ser asilados de su país. Suben al Cadillac del embajador todos, los siete, y los devuelve a su Residencia hasta el 12 de julio, cuando él personalmente los acompaña a Ezeiza y parten al exilio.
Gracias al embajador de la República de Haití, Jean Brierre, y de su esposa, Dilia Brierre quien con su propio cuerpo evitó los fusilamientos, los siete hombres salvaron sus vidas de las manos asesinas del gobierno de Pedro Eugenio de Aramburu e Isaac Rojas.
¡Gloria y honor al señor Jean Brierre y a su esposa, Dilia Vieux!
Datos tomados de “El Presidente Duerme”, de Mario Brión.
LORENZO PEPE
Diputado de la Nación (m.c.)
Secretario General