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Ha muerto la ex primera ministra conservadora Margaret Thatcher, conocida como la Dama de Hierro, un título que permite interpretaciones tan polarizadas como las frases que su fallecimiento ha desencadenado en los diarios ingleses.
Los más conservadores han mostrado admiración por un personaje tan aprensivo para los argentinos, al tratarla como la transformadora y salvadora de una Gran Bretaña en decadencia. Mientras que la prensa de izquierda y de las regiones que se vieron perjudicadas por su gestión (Gales y Escocia) la consideran como el personaje que dividió a la nación, que puso al país de rodillas y arruinó la vida de millones de seres.
Es cierto que los británicos tienen reclamos que hacerle, pues en 1981 ignoró las exigencias de diez militantes del IRA, a quienes dejó morir en huelga de hambre. Entre 1984 y 1985 se enfrentó a un sindicato de mineros, dejando a 20.000 trabajadores sin empleo.

La intransigente Dama de Hierro que gobernó a Gran Bretaña entre 1979 y 1990 cumplía un mandato político conservador y liberal en lo económico, que la llevó a privatizar industrias y a recortar drásticamente el gasto público. Desmanteló sectores fundamentales del Estado de bienestar y debilitó a los sindicatos. Durante su gobierno, Gran Bretaña sufrió graves conflictos sociales que desembocaron en un importante aumento del desempleo.
Más triste para nosotros fue el hecho de haber enviado en 1982 a la armada inglesa para combatir en Malvinas a las tropas argentinas que intentaban recuperar un territorio propio. La Dama de Hierro, sin titubear, autorizó el hundimiento del buque de guerra Belgrano, donde perdieron la vida 323 jóvenes argentinos que no superaban los veinte años.
Si oímos al pueblo, que siempre tiene la razón, quizá nos demos una idea de lo que ha dejado para los británicos el deceso de la Dama de Hierro. En Londres se ha popularizado una canción que interpretó Judy Garland en la película El Mago de Oz y que se titula “La Bruja ha muerto”. Otra versión, cantada por Ella Fitzgerald, es de las más descargadas de Internet y amenaza con estar en los primeros cuarenta puestos de popularidad.
Por nuestra parte, no justificamos la guerra iniciada por un gobierno de facto y para la cual no estábamos preparados, aunque haya sido por una causa justa. E interpretamos aquella respuesta británica como la decisión de mantener la presencia foránea en el Atlántico Sur, que se ha ido consolidando hasta nuestros días, cuando hoy la zona está militarizada por barcos ingleses que protegen la búsqueda y explotación petrolera en la región. Una presencia extraña y peligrosa que se cierne no sólo sobre la Argentina, sino sobre los países de Sudamérica que tienen salida al Océano Atlántico. Una invasión permanente y cada vez más provocadora que como argentinos repudiamos.
Guardamos la lejana esperanza de que, sea cual fuere el lugar en el que se encuentre, sea lo más parecido al infierno.

 

LORENZO A. PEPE
Diputado de la Nación (m.c)
Secretario General
Ad-Honorem

 

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