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En el día de ayer, 16 de junio de 2013, Día del Padre en nuestro país, cerró sus ojos definitivamente el admirado y querido Tuco Paz después de una vida larga e intensa.
El destino de Tuco, proveniente de una familia conservadora, viró frente a la aparición del coronel Perón: un joven abogado, recibido en 1940 con Medalla de Oro de su promoción en la Universidad de Buenos Aires, hijo de un gran jurista, sobrino de un médico eminente, se perfilaba como el de un profesor universitario, atendiendo su Estudio Jurídico, con una vida muelle y sin sobresaltos. Nada fue así.
Desde chico tuvo una personalidad diferente: sensible, gran lector, reflexivo, espiritual, decía de sí mismo que siempre había odiado la injusticia y la ortodoxia. Cercano a FORJA, ese odio por la injusticia lo llevó a ver en Juan Domingo Perón al hombre que podía remediarla.
Designado en 1944 como Asesor Legal del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, conoció a Perón junto a Leopoldo Marechal, José María Castiñeira de Dios y Arturo Cancela e inmediatamente se incorporó a la campaña para le elección de 1946 que llevó a ese joven Coronel a la presidencia de la Nación por primera vez.
Fue Ministro de Relaciones Exteriores desde 1949 hasta 1951 y Embajador en los Estados Unidos desde 1951 hasta 1955, cuando el golpe de Estado lo sorprendió en su función diplomática y pasó de Embajador a inmigrante. Mantuvo correspondencia y visitó a Perón durante el exilio en diferentes oportunidades.
Fue una pieza clave durante la puesta en marcha del ABC (Argentina, Brasil y Chile) en la idea de Perón de crear un mercado común latinoamericano. Getulio Vargas y su esposa lo distinguieron con su amistad y se firmó el acuerdo con Chile en su propio despacho.
Después de muchos años, volvió a representar a la Argentina como Embajador en Grecia (1985-1989) y en Portugal (1990-1992).
En 1994, fue convocado a integrar la Comisión Permanente Nacional de Homenaje al Teniente General Juan Domingo Perón a la que se entregó un nuevo Instituto que vio la luz en marzo de 1996: el Instituto Nacional Juan Domingo Perón de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas, nuestro querido Instituto.
Mientras tanto, escribía libros de cuentos que ganaban premios: El Abismo, Un Señor de Lentes, Cuando chilla el búho. En 1999 publicó Memorias- Vida pública y privada de un argentino en el siglo XX.
Todos estos datos biográficos no describen a Tuco, sólo hablan de sus cargos públicos, su actividad literaria y de su aporte a la historia nacional durante los años de la gran revolución que significó el peronismo para nuestro país. Sin embargo, no describen al Tuco cantante, apasionado del tango (fue miembro de la Academia del Tango), de los boleros, del teatro, de sus últimos CD en los que desgranaba las letras más sentidas de nuestra música porteña. Tampoco describen a ese caballero elegante que tuvimos el honor de conocer: hombre de palabra, de sellar un pacto con un estrechón de manos ni de ese hombre con una dimensión espiritual fuera de lo común, católico militante; ni de su conversar suave, de voz aterciopelada y convincente, ni del amigo fiel, de las buenas y las malas, ni de su amor por los perros que lo acompañaron a lo largo de su vida.
Hoy despedimos a un gran hombre, consecuente compañero peronista, que padeció persecuciones y desprecios por su lealtad a Perón.
Desde nuestro Instituto, acompañamos en el dolor a su esposa María, a sus hijas Carmen, Patricia y Ximena y a sus nietos. Siempre lo recordaremos.
Escucharemos un tango en su memoria.
¡Adiós, Tuco querido!

 

Comisión Nacional
Permanente de Homenaje
al Teniente General
Juan D. Perón

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