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(…) Ni las balas de plomo derrocaron a al general Juan Domingo Perón, ni existen balas de tinta, ni, en caso de existir, podrían destituir gobiernos. Perón no cayó por obra de las armas que alzó la Revolución Libertadora en 1955. Cayó, básicamente, porque su régimen se había agotado y abundaban los escándalos y las burdas muestras de autoritarismo.
Las «balas de tinta» no matan ni hieren, ni mucho menos derrocan gobiernos. Esos proyectiles sólo informan, analizan, investigan y critican. Forman opinión. (…).
DEL EDITORIAL DIARIO LA NACIÓN DEL 2/9/2013

La nota editorial del diario La Nación del día de hoy incurre en algunos errores históricos lamentables en su afán de cumplir con el objetivo que se atribuye de “formar opinión”, según sus propias palabras. A saber:

  1. “Perón no cayó por obra de las armas”… Lonardi, el 16 de septiembre de 1955, tomó la Escuela de Artillería de Córdoba y después la de Infantería, se alzaron CuruzúCuatiá, Río Santiago y Puerto Belgrano, la Marina tomó Bahía Blanca;Rojas, con la Escuadra de Mar,  lanzó el ultimátum: renunciaba Perón o bombardeaba la destilería de petróleo de La Plata y la ciudad de Buenos Aires. Para demostrar su patriótica decisión, el día 19 bombardeó la destilería de Mar del Plata con el crucero “9 de julio”. Ya tres meses antes, habían bombardeado la Plaza de Mayo, asesinando 364 personas (42 eran niños) y dejando 1000 heridos.
  2. Las “armas de la Revolución Libertadora” eran en realidad las armas de la Nación.
  3. La “Revolución Libertadora”, fue lisa y llanamente un golpe de Estado .
  4. “El régimen” era el gobierno democrático, legitimado en las urnas.

Un medio de comunicación tiene como fin, comunicar, no formar opinión.En esta cruzada en defensa de intereses económicos, se tergiversa nuestra historia y eso es tan imperdonable como el objetivo de desestabilizar una democracia que costó muchas vidas, en la que existe una libertad de prensa tan grande que hasta se le permite a La Nación, falsear la historia descaradamente.
Alzamos nuestra voz en contra de estos operativos de prensa miserables que, a casi cuarenta años de haber muerto Juan Domingo Perón y a casi sesenta de su derrocamiento, aún siguen intentando escribir otra historia.
El pueblo argentino, a pesar del diario La Nación, sigue siendo peronista.

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