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«Yo soy peronista de cuando nació el peronismo. Yo soy peronista porque soy nacido en un pueblito del norte de Córdoba, Gutemberg. En el `46 mi papá se integra al peronismo en el momento que nace. Inmediatamente, con 12 años, yo también lo asumo completamente al peronismo de alma y acompañé a mi papá en la campaña peronista en el pueblo».
Calderón contaba que cuando ingresó a la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, él ya era peronista y le parecía raro que en la Escuela no se hablara de eso. Egresó como Cabo en 1954 y le dieron, como destino, Campo de Mayo. Había nacido el 9 de diciembre de 1934 en la provincia de Córdoba.
Avergonzado del golpe de estado de 1956, de los bombardeos a la Plaza de Mayo, se sintió feliz de saber que había un lugar para él en la planificación del levantamiento de Valle: estaba bajo las órdenes del coronel Ibazeta.
El levantamiento estaba infiltrado, treinta y tres hombres pagaron con su vida. Calderón, que con su tanque Sherman había tomado la Escuela, tardó toda la noche en rendirse. Fue amenazado de ejecución por fusilamiento y se convirtió en un preso, recorriendo desde la Penitenciaría Nacional, la de la Avda. Las Heras en donde fusilaron al general Juan José Valle, jefe de la revolución, hasta el penal de Magdalena.
Ese 9 de junio de 1956, Calderón llevaba puesta una chalina que había tejido su madre con un hilo que había hecho su abuela; las dos habían trabajado para regalarle esa chalina al padre de Porfidio Calderón y él la tenía puesta esa noche como homenaje y presencia de su familia peronista en el intento de recuperar el gobierno arrebatado al general Perón.
Cuando el General volvió a la patria y al gobierno, bajo órdenes de Esquer, Calderón sintió que le daban el honor más grande: integrar la custodia presidencial.
Hasta aquí, la reseña de una somera biografía del Sargento Porfidio Calderón.
Creo que todos los que lo tratamos y lo conocimos, al pensar en tremendo compañerazo esbozamos una sonrisa porque Calderón era un hombre sencillo, humilde, amable, sonriente y sabíamos que lo íbamos a encontrar en cuanto acto en homenaje al general Perón hubiera. Allí estaba Calderón, cantando la marcha peronista con esa risa franca que tenía, con la alegría con que vivía cada día.
Decía de nuestro gobierno: «increíble que después de todas las vicisitudes que tuvimos que vivir, hoy vivimos este reverdecer del nacionalismo y del peronismo, de las ideas del general Perón y de este gobierno de la señora Cristina».
Calderón no era un nostalgioso del pasado, así como había amado a Perón, así disfrutaba de los jóvenes de hoy; les decía los compañeritos de La Cámpora.
Lo vimos el 8 de octubre, en el Colegio Militar de la Nación, cuando se cumplía el primer aniversario de la instalación del busto de Perón en el Colegio. Lo volvimos a ver el 17 de octubre en el homenaje a la gesta histórica de 1946. No se sentía bien pero siempre nos sonreía, nos saludaba contento, entre compañeros era un hombre feliz.
En el día de hoy, después de haber sido velado en la sede del Partido Justicialista de San Fernando, provincia de Buenos Aires, al trasladado al cementerio, recibirá el homenaje del Ejército Argentino con una Guardia de Honor y Toque de Clarín antes de ser inhumados sus restos mortales.
Querido Sargento Porfidio Calderón, soldado de Perón, leal hasta la muerte, compañero de luchas y de sueños: ¡Descanse en paz!

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