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A comienzos del gobierno de Perón, en 1946, teníamos un ferrocarril que había sido trazado respondiendo a la concepción de un país agrario que intentaba unir las llanuras del interior con los puertos para propiciar las exportaciones de manufacturas, especialmente de materias primas, para salvaguardar los intereses británicos, que tenía poco que ver con los intereses de una Nación soberana. Al año siguiente, en 1947, la Ley Mitre estaba por vencer y caducarían las franquicias nacionales, provinciales y municipales para los ferrocarriles ingleses en nuestro país. Desde el 1º de enero, deberían someterse a los mismos compromisos que cualquier otra industria extranjera radicada en la Argentina, abonando derechos de aduana y portuarios, impuestos a la renta, contribuciones territoriales y municipales.

 

La aspiración de los británicos era la creación de una empresa mixta que les permitiera conservar una parte de la propiedad y la del gobierno nacional, comprar los ferrocarriles y que fueran nuestros. Así comenzaron las negociaciones y el precio quedó fijado en 2.029 millones de pesos que se pagarían con disponibilidades de fondos argentinos existentes en Estados Unidos y, si no se mantenía la convertibilidad de la libra, el pago sería en especies. Al declarar la inconvertibilidad de la libra esterlina, se pudo pagar con trigo. El pago total fue de 676 millones de pesos que se obtuvieron de la venta de una mínima parte de los bienes raíces que eran parte de los bienes del ferrocarril.

 

La compra de los ferrocarriles significaba: terminar con el drenaje de divisas, recuperar el dominio de las tarifas y del trazado de los ramales.

El 1º de marzo de 1948 miles de obreros sintieron que recuperaban para ellos los ferrocarriles. Reunidos frente a la Plaza Retiro, esperaban escuchar la palabra de Perón que se encontraba internado por una operación de apéndice:

“Les pido que festejen esto que nos ha costado mucho y que esta noche estén muy alegres y muy felices. Evidentemente nos ha costado mucho, muchísimo, casi 3.000 millones de pesos. Pero menos de lo que nos había costado como resultado de la dependencia en manos de los ingleses”.

Los ferrocarriles ya eran nuestros.

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