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Estoy seguro que quienes accedan a este comunicado de prensa se extrañaran que desde un ámbito eminentemente político, como es el de este Instituto Nacional, haga mención a un hombre muy ligado a la cultura popular en Argentina.

Tuve la oportunidad de conocerlo en 1999 cuando llegué a la presidencia de la Biblioteca del Congreso de la Nación,  por ser un baluarte de conocimiento, que ha ayudado a muchísimos hombres y mujeres que venían a estudiar a nuestra Biblioteca.

En ese entonces, había una campaña de desprestigio, de una dureza increíble, por parte de los medios. Recuerdo, al pasar, a Bernardo Neustadt, a Daniel Hadad y a Mariano Grondona, entre otros tantos que descalificaban la Biblioteca del Congreso, señalándola como un reducto de “ñoquis” y despreciando el esfuerzo de mis compañeros de trabajo, que aseguro, lo realizaban de forma consciente y responsable.

Después de tener que sobrellevar tanta maledicencia y descalificación –injustas, por cierto-, se nos ocurrieron algunas ideas, como la de abrir la atención al público de la Biblioteca del Congreso las veinticuatro horas del día, para que estuviese al servicio de nuestro pueblo y de nuestros estudiantes.

Esto nos ayudó a remontar tanta descalificación improcedente. Mucho después, cerramos la Biblioteca Pública en la calle Alsina e inauguramos la nueva Biblioteca, en lo que era el salón majestuoso en la Caja Nacional de Ahorro Postal, ubicada en la calle Hipólito Yrigoyen frente a la Plaza de los Dos Congresos.

Este accionar fue recibido favorablemente, tanto, que unos años después recibimos el Premio de la Fundación Bill y Melinda Gates por estar al servicio de los lectores de Buenos Aires y de la Argentina.

Es cierto que los domingos cerrábamos por razones de higiene, se hacía una limpieza general y se desinfectaban los libros, ya que si este proceso de mantenimiento no se realizaba, corría riesgo el material precioso que guardaba la Biblioteca. Pero siempre abríamos a primera hora del lunes y así seguíamos hasta el sábado a  la medianoche.

Uno de los matutinos que nos había descalificado duramente puso en la primera página de la Sección Culturalel título “La Biblioteca que nunca duerme”. Fue, sin decirlo, un pedido de disculpa a tanto improperio.

El orgullo que me producía llegar a las 3 o 4 de la mañana y vera hombres y mujeres, la mayoría de ellos jóvenes, que no “perdían” la noche, sino que le estaban ganando horas al tiempo.

En aquel momento, nos  pareció que teníamos que avanzar, aún más, frente a la opinión pública y creamos la “Comisión de amigos de la Biblioteca”, a quienes les entregamos un símil de bandeja de plata en agradecimiento por el apoyo. No me acuerdo de todos ellos, pero me viene a la memoria Alejandro Dolina, Froilán González, el cardiocirujano René Favaloro y Ben Molar, que nunca faltó a ninguna de las convocatorias que realizamos en procura de defender la Biblioteca, verdadera vanguardia del saber y del conocimiento.

Como verán, buscamos a hombres reconocidos popularmente para que nos ayudaran a salvar un ámbito de trabajo y de saber, que cobijaba en su momento alrededor de 900 personas.

Quiero rendir homenaje a Ben Molar, lastimosamente no tuve el agrado de tener un trato cercano con él, pero puedo decir que las pocas veces que nos encontramos, siempre lo hicimos con un enorme cariño, y creo que había un reconocimiento recíproco, no hacia mí, sino hacia la Institución que en ese momento yo representaba, la Biblioteca del Congreso de la Nación.

Quiero recordar a este hombre que ha partido casi en su centenario. Cuando él iba a la Biblioteca, en el año 1999 o tal vez 2000, era una figura simpática, agradable, con enorme bonhomía y, sobre todo, a mi entender, un gran poeta, compositor de música que compuso para varias películas de la época. En síntesis, un Escritor, al que la Argentina va a extrañar y mucho.

Desde este ámbito que hoy ocupo, le rendimos un homenaje y pedimos a la Providencia que proteja y les brinde resignación a sus deudos. Por nuestra parte, del señor Ben Molar  guardamos el más grande, afectuoso y enorme reconocimiento.

 

LORENZO A. PEPE
Diputado de la Nación (m.c)
Secretario General
Ad-Honorem

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