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Me veo en la obligación de manifestar públicamente –hay quienes me dicen que no debo hacerlo- que de la mano de mi padre ingresé al Peronismo con apenas 14 años, el 17 de octubre de 1945, fecha fundacional del Movimiento Peronista.

El óleo sagrado de mi ingreso a este multitudinario Movimiento popular lo puso en mi frente el propio General Juan Domingo Perón, cuando en un histórico discurso nos convocó a unirnos. En ese mismo mensaje comienza diciendo que tiene tres grandes honras en su vida: “Ser soldado, ser un patriota y ser el primer trabajador de los argentinos”. La emoción de sus palabras aún me conmueve.

Después de dos períodos presidenciales, el General Perón dejó una huella indeleble en todos los argentinos que vivimos, en aquellos diez años, una Patria más Justa, más Libre y más Soberana. Gobierno que fue derrocado por un golpe de Estado brutal en 1955.

Mucho sufrió el peronismo en su conjunto y lo aguantó “poniendo el cuerpo”. Primero bombardearon la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955; un año después, fusilaron a 31 militares y civiles. Durante casi 20 años nos aplicaron una feroz y siniestra proscripción.

No voy a detallar atentados sobre la vida de las personas, entre las que me encontré, ni las cárceles en que se nos confinó en diferentes épocas, ni la aplicación del  Plan Conintes, por ejemplo, cuando fui detenido en la Escuela de Caballería de Campo de Mayo. En fin, los veteranos como yo saben de qué estoy hablando.

Pasado el tiempo nos alegró y emocionó hasta las lágrimas cuando el 17 de noviembre de 1972 regresaba a la Argentina, luego de su largo exilio de más de 18 años, nuestro General Perón. El peronismo había cumplido con los gritos de batalla de “Queremos a Perón” y “Perón vuelve”, entre otros.

El corto interregno del gobierno de Héctor Cámpora fue un paso previo a una elección popular ejemplar y sin proscripciones, cuando por tercera vez la voluntad del pueblo soberano eligió una vez más al Jefe popular y nacional por antonomasia, nuestro General Juan Perón.

Su muerte en julio de 1974 interrumpió un proceso que hubiese restablecido y consolidado por siempre la Justicia Social, que a pesar de los intentos por retomar ese camino, aún está pendiente de ser cumplida.

Entre 1976 y 1983 el país y nuestra gente fueron sumidos en un baño de sangre. Nadie escapó a la represión genocida de quienes se dedicaron a matar y torturar como nunca jamás se haya conocido en la historia de Latinoamérica, además del robo de bebés, madres y padres jóvenes que han muerto luego de haber nacido su hijo. Todo esto lo atravesó el peronismo y según Sábato en su Nunca Mas manifestó que el 63% de los detenidos-desaparecidos eran militantes de base trabajadora, o sea compañeros y compañeras Peronistas.

Debo aclarar que ratifico absolutamente mi natural inclinación al diálogo y a la persuasión, en lo que hizo hincapié Juan D. Perón en febrero de 1966, cuando fui enviado –para mi honor- por mis compañeros a verlo y explicarle la crisis que el Movimiento Peronista y el Peronismo Sindical atravesaban por aquellos años. Durante mi visita en Puerta de Hierro al General, lo escuché decir dos cosas que me ayudaron mucho. “Más vale persuadir que obligar” y “lo que usted no saque con un abrazo, difícilmente lo consiga con una trompada”.

Tengo a mi cargo dos altas responsabilidades institucionales. Soy Secretario General (ad honorem) de este Instituto, donde se quedaron sin trabajo, en forma imprevista, algunos compañeros. Tuve que realizar las gestiones pertinentes ante el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, para quien tengo reconocimiento, porque comprendió que a los compañeros despedidos los enviaba al hambre y a pasar necesidades, y es por eso que todos ellos fueron reincorporados.

Por otra parte, presido en forma honoraria la Fundación Centro Materno Infantil Evita, creada por mi esposa Perla –fallecida hace un año y medio- y presidida actualmente por mi hijo Claudio Lorenzo Pepe. Por propia decisión, el Intendente de 3 de Febrero, Diego Valenzuela,  solicitó visitar y conocer las tres Escuelas y la Sala Médica Pediátrica fundadas, silenciosamente, por nosotros, en un claro gesto de reconocimiento a la manera en que el Peronismo ha trabajado por el bien común. El encuentro con el Jefe Comunal fue amable y ratificó su compromiso con la continuidad del personal auxiliar que dependen del Municipio.

¿Por qué escribo esto? Porque, ante consultas de diferentes compañeros,  he creído aclarar que espero partir de esta tierra envuelto con la bandera azul y blanca de la Patria Federal acompañada por la del Partido Justicialista.

Si alguien tiene algún duda de dónde estoy parado ahora, digo que, como hace 70 años, de la mano de mi padre en Plaza de Mayo. Nací y partiré de este mundo siendo Peronista.

LORENZO A. PEPE

Diputado de la Nación (m.c)

Secretario General

Ad-Honorem

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