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Sorpresivamente –no lo había leído en los grandes diarios en oportunidad de su fallecimiento- me entero que Horacio Ferrer ha partido de esta tierra hace un año y medio.

Quiero decir públicamente cuanto y de que manera valoré el gesto de este hombre tan virtuoso, tan particularmente amable y generoso.

Cuando presidía la Comisión Bicameral de la Biblioteca del Congreso de la Nación hubo sobre ese ámbito de trabajo parlamentario una enorme descalificación cotidiana de los principales deformadores de la realidad como Bernardo Neustadt, Daniel Hadad, entre otros. Esa descalificación me obligó a pergeñar alguna idea para frenar  tan duro desprecio para hombres y mujeres simples que se ganaban su pan en un ámbito tan particular como ha sido y sigue siendo la Biblioteca del Congreso de la Nación. Fue entonces cuando se nos ocurrió entregarle una “bandeja de plata”, a un grupo de notables “amigos de la Biblioteca del Congreso de la Nación” para ver si conseguíamos, de esta manera, frenar tantos improperios, tantas descalificaciones y tantos insultos para un ámbito que, reitero, 900 personas laboraban en ella cuando presidía la Biblioteca.

Hicimos dos cosas con el beneplácito de los compañeros, ya que nos habían amenazado con que todo ese personal iba a ser distribuido entre la Biblioteca Nacional y algún otro ámbito literato que desconozco. Eso produjo nuestra reacción y creamos varios aspectos para frenar tanta descalificación junta. De ahí salió la idea de la “Biblioteca nunca duerme” (abría los lunes a las 8:00 horas de la mañana y cerraba sus puertas, para la desinfección, los domingos a la medianoche)  al decir del diario Clarín, que era otras de las voces o en este caso de los escritos que descalificaban a la Biblioteca del Congreso de la Nación en su sección cultural. Fue, a mi entender, un reconocimiento hacia los hombres y mujeres que se ganaban el pan con su trabajo cotidiano.

Lo otro fue crear una “asociación de amigos de la Biblioteca”, a quienes le realizábamos periódicamente  homenajes a su trayectoria varias personalidades destacadas de nuestro país en el salón de actos que tiene el anexo del Congreso de la Nación. Por ahí pasaron René Favaloro, Alejandro Dolina, Froilán González, Ben Molar -que entre paréntesis lo recuerdo con enorme simpatía y cariño- y algunos otros que se me escapan ahora de mi memoria. Entre ellos quedó pendiente el reconocimiento para Horacio Ferrer, este excelso poeta Río Platense -él claramente decía, nací en la Banda Oriental, pero soy argentino por opción– y un hombre que nunca levantaba la voz y que siempre tenía una palabra gentil para su interlocutor.

En fin, lejano del tiempo de la muerte de Horacio Ferrer el Instituto Nacional, al que presido honoríficamente, se pone de pie e inclina su cabeza para rendir un tardío, pero muy sentido y muy querido homenaje a un grande de las poesías populares y autor de letras como “Balada para un loco”, que llevó a cabo junto a Piazzolla. Horacio Ferrer rogamos que descanse en paz y le decimos “no te mueras nunca Horacio, no te mueras nunca”.

LORENZO A. PEPE

Diputado de la Nación (m.c)

Secretario General

Ad-Honorem

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