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Andrés López estaba por cumplir 93 años cuando lo sorprendió la muerte después de una larga e intensa vida que siempre estuvo animada por su amor a Perón y su lealtad al peronismo.

Nació el 17 de julio de 1923 en el  barrio de San Cristóbal en el seno de una familia muy humilde que vivía en un conventillo.

Hizo su carrera como Suboficial y recibió dos tiros, en una mano y una pierna, en la revolución del 43. Después de ser operado, lo derivaron del Hospital Pirovano al Hospital Militar. Allí se apareció el coronel Perón a visitar a los heridos, le dio la mano izquierda ya que tenía vendada la derecha, y le regaló una pequeña insignia que el coronel llevaba puesta. Después fue distinguido con una medalla de plata por esa acción. Desde ese momento, adhirió a la causa de Perón y en 1951 fue nombrado Jefe de la Custodia de la Residencia Presidencial.

Le tocó defender la Residencia, que sufrió el fuego de tres aviones en diferentes tiempos, contraviniendo las órdenes de abandonarla, durante el bombardeo del 16 de junio de 1955 cuando aviones en vuelo rasante, lanzaron sus bombas sobre la Plaza de Mayo asesinando más de trescientas personas y dejando el saldo de cerca de mil heridos. Contaba de ese día: Agarré las tres ametralladoras Coll, subí a la terracita que tenía atrás y armamos todo cuando nos sorprendió la primera bomba. Sentíamos que llovían vidrios de los edificios de al lado. Iban y venían aviones y no sabíamos a quiénes respondían. Otra bomba cayó en Plaza Francia y no explotó.

Cuando el golpe de estado de septiembre de 1955 acabó con la Democracia en la Argentina y el General partió al exilio, Andrés se incorporó a la Resistencia. Participó en la Revolución del general de División, Don Juan José Valle, en junio de 1956, se asiló en la Embajada de Haitíi y de allí adentro lo sacaron a punta de pistola y lo llevaron a interrogar. El propio Embajador en persona, Jean Brierre y su señora esposa que actuó en forma admirable, lo rescataron de la unidad militar y lo llevaron en su auto, hasta que pudo partir a Caracas, en Venezuela.

Cuando el general Perón llegó desde Panamá a Caracas, López compartió con él dos años: vivía en el mismo departamento. Contaba de esa época: Compartí con él dos años y lo pasó muy mal. No tenía un mango. Cuando el General se fue a República Dominicana, me quedé en Venezuela  hasta que salió la amnistía en la Argentina y pude volver.

Le gustaba recordar esos años y contaba detalles de la vida doméstica de Perón, cómo cocinaban, las horas que pasaba el General contestando correspondencia con su máquina de escribir, los horarios que respetaba a rajatabla, su modo de revolver la soda y sobre todo, su amor por la Argentina lejana.

 Con Perón nos escribíamos constantemente. Cuando murió, me cambié tres veces para ir al velorio, pero no pude salir. No lo quería ver en el cajón. Para mí, no murió.

En una entrevista realizada en nuestro Instituto al compañero Andrés López, después de que nos contara de su vida militante, le preguntamos si quería agregar algo y dijo: Perón era un hombre extraordinario, un patriota, un hombre que vivía pendiente de los problemas de su pueblo, que fue muy austero, que pasó necesidades en el exilio aunque muchos no lo crean: vivía en una departamento prestado con muebles prestados.

El compañero Andrés López murió el 1° de julio, el mismo día en el que perdimos al General.

¡Descanse en paz y que sus amigos y compañeros tomemos su vida como un ejemplo!

LORENZO A. PEPE
Diputado de la Naciòn
Secretario General
Ad-Honorem

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