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El presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, disertó en el acto de protocolización del contrato por el que se adquirieron las acciones de la compañía Dodero, el 13 de mayo de 1949.

 

Es éste un acto más de los programados dentro de nuestro plan de realizaciones de gobierno. La incorporación de la compañía Dodero al Estado representa para nosotros el cumplimiento fiel de la ley, de los dictados de nuestra Carta Magna, la Constitución Nacional que hemos tenido el honor de jurar hace poco.
No deseo dejar pasar esta oportunidad sin referirme a este hecho trascendental que representa un acto más de los que el Estado, con hombres que han dedicado su vida a una actividad como los señores Dodero, no puede considerar nunca como asunto de lucha de intereses, no pueden ser nunca motivo de enemistad entre los argentinos y su gobierno, y me place decir que, para mí, lo más maravilloso de este acto es que compradores y vendedores, Estado y ciudadanos argentinos, terminen una tratativa con un abrazo cariñoso y con el reconocimiento a que el Estado está obligado hacia los hombres que han consumido su vida por el bien y la riqueza de la Nación.
Aprovecho también esta oportunidad para reconocer el desprendimiento, especialmente del señor Alberto Dodero, al ofrecer su Compañía y al haber dejado al arbitrio del Estado la valorización de tales importantes bienes. Ello
demuestra dos cosas: la fe que el señor Dodero tiene en la justicia del Estado y su desprendimiento como argentino para servir a los bienes de todas los demás argentinos, a los cuales él no puede ser indiferente porque es un ciudadano de la Nación.
Para terminar, señores, solamente quiero agregar dos palabras. La Nación no puede ni debe ser jamás enemiga de ningún interés que esté dentro de la Nación misma. Menos aún puede ser enemiga de los ciudadanos argentinos. Por eso, señores, cuando realizamos tratativas de esta naturaleza, al agradecer el gesto de este ciudadano argentino en bien de la Nación, lo hacemos con toda la amplitud de nuestro corazón, agradeciéndole a un argentino que se desprende de lo que ha sido casi el compañero de toda su vida: su trabajo, su construcción, para ofrecerlo al Estado sin otro interés que engrandecer el bien de todos los argentinos, aunque para ello deba sacrificar él personalmente algo de su bien individual.

Fuente: Libro «Perón, 1949. Discursos, mensajes, correspondencia y escritos. Partes I», Biblioteca del Congreso de la Nación