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El entonces presidente de la Nación, Juan D. Perón, disertó en la ciudad de Santiago del Estero con motivo de la inauguración de obras realizadas por la Fundación Eva Perón.

 

Compañeros:
Quiero que mis primeras palabras sean de estímulo para esta ya benemérita Fundación de Ayuda Social “María Eva Duarte de Perón” que hoy ha inaugurado estas obras del hogar escuela y vivienda popular en Santiago del Estero.
La Fundación, que tiene por lema “mejor que decir es hacer”, está mostrando que sus realizaciones llevan en sí no solamente la creación de obras de beneficio popular, sino también ese amor profundo al pueblo y a los humildes, que sentimos los argentinos bien nacidos y de buen corazón.
Por eso, queridos compañeros, quiero, como mandatario y como argentino, agradecer públicamente a la señora María Eva Duarte de Perón lo que ella está haciendo por el pueblo humilde y sacrificado de la patria. Y os aseguro que estas gotas que están cayendo del infinito del cielo, han de bendecirla, frente a Dios y frente a nosotros.
Compañeros:
Es para mí lo más grandioso que pueda darse ver como hombre, que este pueblo humilde y sufrido, se reúna en esta plaza, apretando sus corazones, para dar las gracias por una obra cumplida, cuando aún tenemos la inmensa responsabilidad de cumplir con ustedes en lo que aún no hemos hecho. Es para mí más grande esta obra si consideramos que viene a llenar un vacío que los gobernantes de antaño no habían sabido llenar todavía en Santiago, pese a todo el tiempo que tuvieron para hacerlo. Por eso he conversado con el gobernador electo. Él tiene la inmensa responsabilidad de realizar lo que no hicieron los gobernantes anteriores.
En mi viaje a Santiago, después de haber visto a lo largo de las vías del tren a los changuitos, que son nuestros hermanos, le dije como presidente de la Nación: “Para su obra no hay límites; pondré a disposición del gobernador lo que el gobernador quiera”. Él es un hombre joven, activo, y es peronista. Como hombre joven, tiene la posibilidad; como peronista, tiene la obligación. Y estoy seguro de que él ha de realizar una obra reivindicatoria. El podrá llevar a cabo en Santiago lo que Santiago está esperando desde hace tantos años.
Sabemos bien que el problema de Santiago del Estero es el agua. Una constitución que duró cien años, no había permitido hacer acuerdos interprovinciales para la repartición y distribución equitativa del agua entre las provincias argentinas. Hemos hecho una nueva constitución que ordena concertarlos. Ahora queda abierto el camino a los gobernantes y a los legisladores. Yo, por mi parte, prometo hacer todo lo que sea necesario para continuar las obras troncales de riego para Santiago del Estero. Dejo en manos del señor gobernador la realización del resto, que es la distribución del agua, de manera que esta hermosa y rica provincia –que tanto quiero y que tanto quiere mi señora– pueda seguir su marcha ascendente y convertir algún día en vergel esos bosques hoy despojados por la incuria y la falta de honradez de muchos gobernantes.
Compañeros:
Hemos realizado y realizaremos un inmenso esfuerzo en toda la patria. Es necesario seguir trabajando y construyendo. Y, por el rendimiento de los obreros santiagueños, al terminar estas obras en el tiempo en que lo han hecho, puedo decirles a los trabajadores de la provincia, que ellos son peronistas, porque trabajan y producen. Hoy, cuando he visto las obras y me he enterado del tiempo empleado en su construcción, he expresado, como primera y espontánea exclamación: “¡A este pueblo, que trabaja con este rendimiento, es necesario ponerle el hombro con todas las fuerzas, para que pueda crear la grandeza de Santiago!”. Sé bien que todo cuanto demos desde el gobierno federal en ese sentido, contando con los magníficos trabajadores santiagueños, ha de permitir convertir a la provincia en un emporio de riqueza y en un lugar de felicidades, como tanto tiempo lo han esperado sus hijos. Por eso, queridos compañeros, pueden tener la absoluta seguridad de que no olvidaré ni un minuto de mi vida lo que he visto en Santiago. Y ello me obliga a poner todo mi empeño, toda mi voluntad y todas mis energías para que Santiago, que es digna de mejor suerte, que puede ser ejemplo de trabajo en la República, vaya adelante por el esfuerzo de sus hijos.
Compañeros:
Cuando realice mi futura visita, habremos ya solucionado muchos de los problemas que todavía no han tenido solución; habremos encarado, por lo menos, los graves problemas de la provincia. Por ahora, solamente puedo decirles que el esfuerzo de la Fundación obliga al gobierno de la nación y al gobierno de la provincia, a un profundo reconocimiento.
No quisiera irme de aquí sin decirles a todos ustedes que mi pensamiento y mi corazón lo dejo en forma permanente en Santiago, hasta que haya podido cumplir como gobernante las obras que son indispensables para la vida y felicidad de los santiagueños.
A este pueblo, benemérito y sufrido, que amasa diariamente su vivir con el sudor de su frente; que hasta ahora ha estado sumido en la miseria por la incuria de los gobernantes, el peronismo le ofrece trabajo y sacrificio; pero ese trabajo y ese sacrificio han de liberar a los hijos y a los nietos de los que me escuchan. El peronismo ofrece hoy, en la honestidad y probidad de sus gobernantes, solamente la dicha de poder trabajar todos unidos por un futuro mejor. Ese peronismo, que enfrenta miles y miles de problemas en toda la nación, puedo decirles por boca del Presidente de la Nación que si no hemos hecho más, hemos conseguido como lo prometí la primera vez que hablé, entregar a todos los patriotas argentinos un país socialmente justo, económicamente libre y políticamente soberano.
Para todos los argentinos patriotas, ese es el más grande de los servicios que se les puede prestar. No hay riqueza material que pueda igualar a esas tres sublimes aspiraciones; y no hay riqueza material que pueda parangonarse a la realidad de sentirse digno y de vivir en una patria libre y soberana. Conseguido ello, el peronismo ha puesto tensos los tiros que comienzan a cinchar férreamente para llevar adelante este glorioso carro de la Argentina.
Por eso, si antes los miles de problemas que enfrentamos cayeron vencidos uno a uno a nuestras plantas, pese a la prepotencia del exterior y a la traición del interior, ¿cómo no han de caer también vencidos, uno a uno, los problemas que se opongan a la riqueza y a la felicidad de nuestros hombres?.
¿Cómo no han de caer vencidos, uno a uno, todos los problemas que puedan dificultar el progreso y la grandeza de la Nación? Hoy tenemos las manos libres, los brazos sin cadenas, y hemos de construir, piedra sobre piedra, la grandeza de la patria.
Si hoy les refirmo la independencia, la libertad y la soberanía de la patria, llegará el día, queridos santiagueños, en que vendré a decirles, en holocausto de ese inmenso amor que ustedes sienten por la tierra: “Los problemas de la patria han sido superados, ustedes, en marcha ascendente hacia la felicidad y la grandeza, tienen sobre sus espaldas la responsabilidad que hoy pesa sobre las mías”.
Y podré quedar tranquilo, pensando que sobre los hombres de este maravilloso pueblo trabajador de la patria dejo los destinos de la nacionalidad, que heredamos sacrosantamente puros de nuestros antecesores y que hemos de legar
a nuestros nietos con la herencia grandiosa que significa un pueblo libre en una patria libre, construyendo su grandeza.
Compañeros:
Antes de partir nuevamente para Buenos Aires, quiero darles a todos un estrecho abrazo sobre mi corazón, como símbolo de ese sentimiento de profundo amor al pueblo santiagueño, que comparto con mi señora. De la misma manera que los padres sienten más amor por los hijos menos afortunados, así también, haciendo justicia distributiva, entre todas las poblaciones de nuestra querida patria, llega uno a Santiago y hace votos a Dios, para que el futuro de esta tierra de hombres nobles, sencillos y sufridos, sea el más iluminado y promisorio de la patria de los argentinos. Y así les pido que todos los días dirijan un pensamiento y una mirada hacía mí, como yo dedico un pensamiento y una mirada hacia Santiago a la que sé empeñada en labrar su grandeza. Les pido también, que todos
los días, como lo hago yo, al irse a acostar piensen si ese día han realizado algo para que, al pasar nuestra generación, la patria sea más grande y más feliz que cuando la recibimos al nacer.

Fuente: Libro «Perón, 1949. Discursos, mensajes, correspondencia y escritos. Partes I», Biblioteca del Congreso de la Nación