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El 1º de mayo es un día de fiesta para el Movimiento Obrero Mundial, es la fecha consagrada universalmente como “Fiesta del Trabajo” y como “Día de los Trabajadores” desde hace más de un siglo ya. Es un día cuyo significado siempre ha sido de reivindicación y reclamo.

En el año 1899 se instituyó el 1º de mayo como “Día del Trabajador” en memoria de los cuatro anarquistas ejecutados en la ciudad de Chicago después de una huelga sangrienta, reprimida brutalmente.

El IV Congreso de la Federación Americana de Trabajadores había propuesto que el 1º de mayo de 1886 se obligara a los patrones a respetar la jornada laboral de 8 horas. Al no cumplir éstos con la demanda, los obreros fueron a la huelga y se produjeron casi 5.000 huelgas simultáneas que eran reprimidas, con heridos, torturados, detenidos y muertos. En esos días, en medio de una manifestación, estalló una bomba y murieron dos policías. Por ese motivo, fueron apresados cuatro dirigentes anarquistas que terminaron en la horca, a pesar de no existir ninguna prueba en su contra.

La huelga más importante que se registra en nuestro país a fines del siglo XIX fue la de los ferroviarios, a mediados de 1896. Doce mil obreros de los talleres de Tolosa, Córdoba, Rosario, Paraná, Campana, Junín y Buenos Aires pedían ocho horas de jornada laboral sin reducción de salarios.

En la Capital la huelga duró 120 días a pesar de que el gobierno puso a disposición de la empresa extranjera bomberos, policías, soldados y marineros. Ni esto, ni la cárcel ni el hambre lograron doblegar a los obreros. La empresa trajo hombres de Europa que hicieron finalmente fracasar la huelga para luego tomar brutales represalias sobre los trabajadores.

En 1901 apareció un periódico solventado por varios gremios que se llamaba “Organización” y su lema era:

La explotación capitalista está basada en la ignorancia de los trabajadores; se impone, pues, la unión y la instrucción”

Desde la creación de la Federación Obrera Argentina, se venían sucediendo las disputas entre anarquistas y socialistas. Los anarquistas negaban la salida política, creían que los sindicatos debían ser sociedades de resistencia mientras que los socialistas, que respondían al Partido Socialista fundado en 1896 por Juan B. Justo, apostaban a poner sus hombres en la Cámara de Diputados.

En 1902 los panaderos comenzaron con una huelga de cinco semanas a la que se agregan los trabajadores de los ingenios azucareros y luego los del Mercado Central de Frutos. Los demás sindicatos se fueron solidarizando frente a la tremenda represión a los primeros huelguistas y desembocaron en una huelga general en Capital y varias ciudades del interior.

El paro incluía talleres, fábricas, tráfico y puertos. El gobierno aplicó el estado de sitio, detuvo y deportó a los militantes obreros extranjeros.

En la celebración del 1º de mayo de 1904, el Partido Socialista organizó un acto en Plaza Constitución que terminó con una durísima represión policial y el saldo de dos muertos y varios heridos.

A pesar del error que significó no participar de los partidos políticos, los anarquistas dieron pruebas de su combatividad y de su heroica defensa de los explotados y lograron, junto con otros grupos, que se prohibiera el trabajo a los menores de 11 años, la abolición del trabajo nocturno, la reducción de la jornada laboral que en algunos casos había llegado a las 16 horas y la implantación de bolsas de trabajo.

Durante los festejos del Centenario, llegó a haber 2000 obreros presos. El año anterior. La celebración del 1º de mayo había terminado con el saldo de 8 muertos y 40 heridos.

En enero de 1919, los obreros de Buenos Aires  y en 1922, los de la Patagonia, tiñeron el suelo de la patria con su sangre: 3000 muertos por un lado y 2000 por el otro en hechos conocidos como  la Semana Trágica y la Patagonia Trágica.

Bajo la dirección de Juan B. Justo,  el Partido Socialista era puramente parlamentario, internacionalista, antiproteccionista, antiindustrialista y sostenía un inconcebible “socialismo liberal”.

Ni socialistas ni comunistas alcanzaron proyecciones nacionales ni lograron el apoyo masivo de los trabajadores, si bien los socialistas tuvieron algunos elementos en los gremios, en los mejor pagados, y los comunistas en muy pocos gremios, uno de ellos el de la construcción.

Lamentablemente, los dos Partidos, a contramano de una política popular nacional, siempre resultaron funcionales a la oligarquía, tanto que acabaron integrando la Unión Democrática en la elección de 1946.

El periódico comunista “Orientación” en su crónica del 17 de octubre, decía:

“Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad, no representan ninguna clase de la sociedad argentina. Era el malevaje reclutado por la policía y los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población”.

“Nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo hasta su aniquilamiento. Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino.”

Con la aparición del coronel Perón en el escenario político de la Argentina, por fin los trabajadores fueron considerados ciudadanos con derechos y los partidos que tradicionalmente habían tenido que ser expresión de sus esperanzas, vieron diezmadas sus filas ya que las reivindicaciones por las  que tanto habían luchado se plasmaban en realidades: salario digno, aguinaldo, vacaciones pagas, Justicia del Trabajo, atención de la salud, celebración de 1330 convenios colectivos de trabajo, reglamentación del derecho a la libre asociación de los trabajadores, creación de la Dirección Nacional de Empleo y de la Dirección General de Higiene y Seguridad del Trabajo, Escuelas de Capacitación Sindical, creación de la Universidad Obrera, de la Delegación Obrera en las embajadas argentinas; Escuelas Fábrica, Escuelas de Perfeccionamiento para obreros, la Declaración de los Derechos del Trabajador con rango constitucional, etc…La agremiación pasó de 500.000 obreros agremiados en 1945 a 6.000.000 en 1955, todos bajo el amparo de la CGT.

Todos estos beneficios sociales de los que pudieron gozar los trabajadores argentinos aún hoy no han podido ser superados y es por eso que a más de treinta años de la muerte del general Perón, su pueblo lo sigue añorando.

Desde este Instituto Nacional que tiene el orgullo de llevar el nombre ilustre de Juan Domingo Perón, les enviamos un abrazo peronista a todos los trabajadores en su día.

Lorenzo Pepe.